Desde tiempos pretéritos se ha hablado mucho del orgasmo femenino, de la dificultad de su obtención, de la localización del clítoris, de la importancia de su correcta estimulación, en definitiva, de la complejidad del placer sexual femenino. Más que complejidad se puede decir que era un desinterés en que ella obtuviera el disfrute sexual, sólo importaba el placer del hombre.
Ahora los tiempos han cambiado y, por fin, el placer es y debe ser cosa de dos, se intenta que sea mutuo, pero nos encontramos con un inconveniente ya que, mientras el hombre no tiene problemas para obtener el goce durante la penetración, la mujer lo tiene más complicado. Parece como si el órgano sexual masculino sólo estuviera diseñado para el fin de la procreación pero no para que la mujer obtenga el pleno placer durante la penetración, ya que no consigue estimular convenientemente el órgano del placer femenino, ese pequeño botón del goce, el clítoris, y esta estimulación puede ser clave para que la mujer alcance el orgasmo.
El veredicto de un estudio reciente, publicado en la revista Journal of Sex & Marital Therapy, es contundente: solo un 18% de las encuestadas declara bastarse con la penetración para tener orgasmo seguro. El 36% necesita además ineludiblemente la estimulación del clítoris, mientras que otro 36% indica que “el orgasmo se siente mejor”con este último ingrediente, aunque no sea siempre una estimulación del clítoris durante la penetración es necesario para el orgasmo o que mejora sus orgasmos”.
Los resultados, que confirman otros similares, deberían servir para que el misterio del orgasmo femenino lo fuera un poco menos. Según precisan la mayoría de sexólogos, el orgasmo en todas las mujeres siempre está provocado por los órganos eréctiles, no por la vagina.
Los autores del estudio presentaron a las participantes en la encuesta un amplísimo menú de opciones de estimulación manual u oral con el fin de saber qué les funciona mejor. Las variaciones incluyen dónde tocar, como directamente en el clítoris, cerca de él, en los labios vaginales u otras cercanías; con qué fuerza hacerlo, si firme, suave o a medio gas; o qué estilo de movimiento aplicar: ” de lado a lado, arriba y abajo, en diagonal, circular, óvalos a lo alto o a lo ancho, presionar en un punto, pulsos rápidos en un punto, pellizcar, tirar, sacudir, dar palmaditas u otros”, detalla el estudio. Si hay alguna respuesta común a todo ello, es esta: sí. Es decir, que todas las opciones tienen cabida, aunque hay preferencias. La mayoría de las encuestadas, un 67%, prefiere centrarse directamente en el clítoris, si bien casi la mitad también aprecia los barrios periféricos. El grado de presión justo es ni mucho ni poco, entre suave y moderado, mientras que casi dos tercios de las mujeres se apuntan al movimiento arriba y abajo, seguido por el circular con casi un 52% y el de lado a lado con un 31%. En este caso las participantes podían elegir más de un estilo, aunque la encuesta revela que el porcentaje mayoritario, un 41%, ya tiene muy claro cuál es su modalidad favorita.
Con el clítor (clitoral estimulator) se consigue que durante la penetración, con el movimiento arriba y abajo, se estimulen las terminaciones nerviosas del clítoris para facilitar que la mujer llegue al clímax.
El clítor es como un pequeño gusano, de unos 3-4 cms de largo, formado por una sucesión de 2 ó 3 semiesferas de 1 cm de ancho y 1 cm de alto, unidas entre sí, hecho de un material flexible tipo silicona, que se coloca entre el preservativo y el pene, en su base, en la cara anterior, de abajo hacia arriba, es decir verticalmente. Este apéndice consigue estimular el clítoris durante la penetración de una forma sorprendente, obteniendo la mujer un placer nunca antes alcanzado y al hombre no le afecta para nada, bueno sí, consigue mayor felicidad al sentir el goce de su pareja.
Una posibilidad sería vender este artículo en el mismo envase individual de los preservativos, ya que se usa conjuntamente con este y se desecharía junto con el condón al quedarse en su interior cuando se desprende del pene.
Es decir, este nuevo artículo sería de un solo uso, y se podría ofrecer a las empresas punteras fabricantes de profilácticos por varios motivos:
-Es un producto complementario al preservativo que le daría un valor añadido, con un coste de fabricación mínimo.
-Aumentaría el uso del preservativo ya que, a las funciones habituales que tiene de contracepción y barrera para enfermedades sexuales, se le añadiría la función de contribuir al placer femenino. Es decir, lo utilizarían los que ya usan el preservativo y se pueden conseguir nuevos usuarios que quieran probar nuevos placeres.
-Además se incrementaría la venta de preservativos por el aumento de las relaciones sexuales que puede provocar este nuevo incentivo.
No hay riesgo ninguno de que el material elegido afecte al órgano genital femenino ya que, al colocarse por dentro del preservativo, en ningún momento tiene contacto con el mismo.
En principio, está pensado para su utilización con preservativo, pero en un futuro, si tuviera éxito, con pequeños cambios se podría utilizar de forma aislada.
Respecto a la originalidad del producto, no existe nada parecido en el mercado, no tiene nada que ver con los anillos vibradores ni con los anillos retardantes de la eyaculación, ni con los preservativos de estrías, ya que no tiene la misma forma ni complejidad, ni el mismo coste de fabricación, además de tener diferente diseño, función, colocación, objetivo, sensaciones y resultado.
En definitiva, este artículo puede suponer una revolución en las relaciones sexuales por su simpleza, originalidad, bajo coste y plena efectividad. Además, puede suponer un aliciente para utilizar el preservativo, con todas las ventajas que este hecho puede suponer de cara a evitar embarazos indeseados y/o las enfermedades de transmisión sexual.


